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miércoles, 27 de abril de 2016

Frase

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lunes, 25 de abril de 2016

Tengo ganas de ti

Basta. Estoy fuera. De los recuerdos. Del pasado. Pero también estoy perdido. Antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan. Y las cosas más estúpidas, cuando estás enamorado, las recuerdas como las más bonitas. Porque su simplicidad no tiene comparación. Y me dan ganas de gritar. En este silencio que hace daño. Basta. Déjame. Ponlo de nuevo todo en su sitio. Así. Cierra. Doble vuelta de llave. En el fondo del corazón, allí, en aquella esquina. En aquel jardín. Algunas flores, un poco de sombra y después dolor. Ponlos allí, bien escondidos, te lo ruego, donde no duelan, donde nadie pueda verlos. Donde tú no los puedas ver.

Tengo ganas de ti

Son tantas las cosas que echo de menos... Pero hoy tengo ganas de no pensar.

Tengo ganas de ti

El amor, en cambio, es cuando no respiras, cuando es absurdo, cuando echas de menos, cuando es bonito aunque esté desafinado, cuando es locura... Cuando sólo de pensar en verla con otro cruzarías a nado el océano.

Tengo ganas de ti

Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es un peso enorme, insostenible. Y resoplas todo el tiempo. Y querrías liberarte como sea. De cualquier forma, de la más simple, de la más cobarde sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento: <<Ella no está.>> Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer. Plaf.

Frases

Siéntete la puta elegida del mundo universal!!!

domingo, 24 de abril de 2016

La mecánica del corazón, pag 111

No quiero que te guste “eso de mi”, quiero que me quieras “a mi entero”.

La mecánica del corazón, pag 101

Nos amamos con mucha intensidad, y la pasión aumenta con los días. Apenas hablamos pero nos emocionamos a cada instante. Mi cuerpo está mejor que nunca, me encuentro lleno de fuerza y energía.

Mi corazón se escapa de su cubierta-prisión. Vuela por las arterias, instalándose bajo mi cráneo para convertirse en cerebro. ¡En cada músculo y hasta la punta de los deseos, el corazón! Sol feroz por todas partes. Enfermedad rosa de reflejos rojos.

Ya no puedo estar sin su presencia; el olor de su piel, el sonido de su voz, sus pequeñas maneras de representar a la muchacha más fuerte y a la más frágil del mundo. Su manía de no ponerse las gafas para ver el mundo tras el cristal ahumado de su visión lastimada; su forma de protegerse. Ver sin ver de verdad y, sobre todo, sin hacerse notar.

Descubro la extraña mecánica de su corazón. Funciona con un sistema de concha autoprotectora ligada a la falta de confianza que la habita. Una ausencia de autoestima peleándose con una determinación fuera de lo común. Los resplandores que produce Miss Acacia al cantar son los estallidos de sus propias fisuras. Es capaz de proyectarlos sobre el escenario, pero en cuanto la música se apaga, pierde el equilibrio. Aún no he descubierto qué engranaje tiene roto.

El código de acceso a su corazón cambia todas las noches. A veces, la concha es dura como la piedra. Por mucho que pruebe con mil combinaciones en formas de caricias y palabras de apoyo, apenas consigo quedarme en las puertas de su misterio. Sin embargo, ¡me gusta tanto hacer crujir esa concha! Escuchar ese pequeño ruido que produce al desactivarse, ver los hoyuelos que se marcan en la comisura de sus labios y que parecen decir «¡Sopla!». El sistema de protección volando en dulces pedazos.

— ¡Cómo domesticar a una centella, he ahí el manual que necesitaría! —le digo a Méliès.

—Un compendio de alquimia pura, querrás decir… ¡Ja, ja! Pero las centellas no se domestican, muchacho. ¿Te imaginarías a ti mismo tranquilamente apoltronado en tu casa con una centella enjaulada?

Ardería y te quemaría con ella, ni siquiera podrías acércate a sus barrotes.

—No quiero meterla en una jaula, solo querría darle un poco más de confianza en sí misma.

— ¡La alquimia pura es eso exactamente!

—Digamos que yo soñaba con un amor grande como la colina de Arthur’s Seat y me encuentro con una cadena de montañas que crece directamente bajo mis huesos.

—Tienes una suerte excepcional, ¿lo sabes? Poca gente se acerca a ese sentimiento.

—Tal vez, ¡pero ahora que ya lo he probado, no puedo pasar sin él! Y en cuanto ella se encierra, me quedo completamente vacío.

—Conténtate con aprovechar los momentos en los que todo eso te atraviesa. Yo también conocí a una centella, y puedo decirte que ese tipo de muchachas son como el tiempo en las montañas: ¡imprevisibles! Aunque Miss Acacia te quiera, no lograrás controlarla jamás.

La mecánica del corazón, pag 78

Mientras nos dirigíamos al extraordinarium, Méliès me prodiga sus últimos consejos.

-Tienes que comportarte como un jugador de póker. Jamás muestres tus dudas ni tus miedos. En tus manos tienes una carta maestra, tu corazón. Crees que es una debilidad, pero si tomas la opción de asumir esa fragilidad, este reloj-corazón te convertirá en alguien especial. ¡Lo que te hace diferente será tu arma de seducción!

La mecánica del corazón, pag 69

Si tienes miedo de hacerte daño, aumentas las probabilidades de que eso mismo suceda. Fíjate en los funambulitas, ¿crees que piensan en que tal vez caerán cuando caminan cuidadosamente por la cuerda? No, ellos aceptan ese riesgo y disfrutan del placer que les proporciona desafiar el peligro. Si te pasas la vida procurando no romperte nada, te aburrirás terriblemente… ¡No conozco nada más divertido que la imprudencia! ¡Mírate! ¡Digo «imprudencia» y se te encienden los ojos! ¡Ja, ja! Cuando a los catorce años decides cruzar Europa para ir en busca de una muchacha es que se tiene una seria tendencia a ser imprudente, ¿verdad?

—Sí, sí… Pero ¿no conocerá usted algún truco para reforzar un poco mi corazón?

—Oh, claro… Escúchame bien, ¿estás listo? Escúchame muy atentamente: el único truco, como dices, que te permitirá seducir a la mujer de tus sueños, es justamente tu corazón. No este en forma de reloj que te añadieron cuando naciste. Te hablo del verdadero, el de debajo, hecho de carne y de sangre, el que vibra. Es con ese con el que tienes que trabajar. Olvídate de tus problemas de mecánica, así les quitarás importancia. ¡Sé imprudente y, sobre todo, entrégate sin reservas!

Méliès es muy expresivo; sus ojos, boca, todo su rostro se ilumina cuando habla. Su bigote parece articulado por una sonrisa, un poco como el de los gatos.
—Pero debes saber que no siempre funciona. No puedo garantizarte nada. Debo ser honesto y decirte que yo mismo acabo de fracasar con la mujer que creía que sería la mujer de mi vida. En cualquier caso, es evidente que no existe ningún «truco» que funcione siempre y en todas las ocasiones.